Los dramas de las familias venezolanas que llegan a paraguachón
Madre venezolana desesperada con sus cinco hijos, su hermana y hasta el perro llegaron a la frontera colombiana en busca de un futuro mejor. Maryory Chacín de 35 años no aguantó más, por eso sin pensarlo dos veces y al observar que después de las elecciones las cosas no cambiaron, tomó a sus cinco hijos
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Los dramas de las familias venezolanas que llegan a paraguachón
Madre venezolana desesperada con sus cinco hijos, su hermana y hasta el perro llegaron a la frontera colombiana en busca de un futuro mejor.
Maryory Chacín de 35 años no aguantó más, por eso sin pensarlo dos veces y al observar que después de las elecciones las cosas no cambiaron, tomó a sus cinco hijos y en compañía de su hermana y Canela, su mascota, salieron del país que los vio nacer a emprender un nuevo futuro en Colombia.
“Nos cansamos de la situación que vivimos día a día por la situación en que uno no tiene un trabajo fijo o sale rebuscársela de alguna otra manera y lo que salga a vender o cualquier cosa igual la gente no lo compra no lo adquiere por no o sea no es porque no lo quiera sino porque no tiene como como pagarlo”. Señaló la joven madre
A que se va a dedicar, a ciencia cierta no lo sabe, pero la mala calidad en la educación y la falta de oportunidades laborales agravaba aún más su estadía en Venezuela. Maryory Chacín, sentada en un bordillo cerca de la frontera señalo: “otro caso es la educación de ellos de los niños 3 veces a la semana una educación mediocre que no beneficia en nada de eso porque más uno se da cuenta que aprenden más en la casa que en la escuela”.
Hoy en suelo colombiano extraña su casa, su familia y amigos, sin embargo, no tiene tiempo para tristezas con cinco pequeños “esperamos que sea mucho mejor que el que tenía por mi lado pues trabajar porque muchos vienen con una mentalidad de que todo tiene que dar sobre el gobierno y eso no es así uno tiene que trabajar para obtener lo que uno necesita más por los niños”. Comentó mientras vigila que sus cinco niños estén cerca.
En Paraguachón la espera se extiende y el hermano nada que llega, han pasado siete horas y el hambre acosa, un alma caritativa les ofrece comida y así logran almorzar.
Cuando las nueve horas de espera están por cumplirse y la desesperación aparece, llegaron a recogerla, en este viejo auto gris en el que parten Maryori y su motor de vida, sus hijos. su familia es una de los miles que llegan a Colombia huyéndole al régimen, buscando rehacer su vida en tierras extranjeras.
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