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Una mirada rojiblanca a la final de azules y verdes

Los hinchas de Junior no terminan de ponerse de acuerdo sobre el menor de los males: ¿Gamero o Jarlan? Uno de los dos celebrará el título. Para empezar, una aclaración, no, una afirmación: Millonarios y Nacional son muchísimo más que Junior en el contexto local. Por número de estrellas, historia, afición y fervor son, con

Juan Alejandro Tapia
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Una mirada rojiblanca a la final de azules y verdes

Los hinchas de Junior no terminan de ponerse de acuerdo sobre el menor de los males: ¿Gamero o Jarlan? Uno de los dos celebrará el título.

Para empezar, una aclaración, no, una afirmación: Millonarios y Nacional son muchísimo más que Junior en el contexto local. Por número de estrellas, historia, afición y fervor son, con América de Cali, los tres más grandes de Colombia, aunque los dos primeros jamás cayeron a la B y eso los ubica un peldaño arriba. Para el hincha rojiblanco los choques con estos equipos siempre han sido «clásicos», pero para ellos el ‘tiburón’ nunca ha alcanzado ese nivel. Para los verdes no hay nada más importante que vencer a los azules y viceversa, desde los tiempos de Pimentel y Leonel, del ‘Chiqui’ García y Maturana, de Rodríguez Gacha y Pablo Escobar, de Múnera Eastman y Benjamín Cuello, y ahora, por primera vez en el fútbol colombiano, están enfrentados cara a cara en una final.

Si bien desde los años 90 los aficionados rojiblancos han asumido a Nacional como su archienemigo, en la década del 80 ese «honor» fue para el América del médico Gabriel Ochoa, con el arquero Julio Falcioni como persona non grata en el estadio Romelio Martínez, y más atrás, en los 60s y 70s, para los bogotanos. Coincide la animadversión de los hinchas con las épocas de mayores triunfos de cada uno de los tres grandes.

Alentados por el narrador deportivo Édgar Perea, la tarde del domingo 12 de diciembre de 1988 veinte mil aficionados de Junior llegaron al Metropolitano para apoyar a su equipo en la última fecha del octagonal contra Millonarios. Aunque los ‘tiburones’ no tenían opción de título, la razón de semejante respaldo era frenar a los capitalinos para que Nacional de Medellín conquistara el campeonato.

Desde su espacio radial, Comentando los deportes, Perea fue el gestor de la movilización masiva de hinchas para darle una mano al Nacional de los puros criollos, dirigido por Francisco Maturana, que se jugaba su suerte ante Santa Fe, en el Campín. Una victoria de los paisas, y que Millonarios no sumara en Barranquilla, garantizaba el título para los verdes.

Pero de nada valió. Tras irse abajo en el marcador, Millonarios empató 1-1 con gol de Mario Vanemerack y dio la vuelta olímpica en el Metro, la primera de equipo alguno en el ‘Coloso de la Ciudadela’, con Gonzalo Rodríguez Gacha, el ‘Mexicano’, amo y señor a la sombra del club, en la tribuna, según cuenta la leyenda.

Treinta y cinco años después, un sector de la afición de Junior vuelve a estar del lado de Nacional por el mismo motivo: impedir que Millonarios levante la copa de campeón. Nadie lo admite, no es algo para gritar a boca llena, pero el rechazo a Millonarios ha ido en aumento desde que el samario Alberto Gamero llegó a la dirección técnica de los ‘embajadores’ en 2020. Su paso por el banquillo ‘tiburón’ en 2017, de apenas seis meses, sumó un desacierto tras otro: desde la llegada de refuerzos que no estuvieron a la altura, como Jonathan Ávila (Alianza Petrolera), Héctor Quiñones (Millonarios), Lewis Ochoa (Millonarios), Jonathan Estrada (Millonarios), Rafael Carrascal (Millonarios), Robinson Aponzá (Alianza Atlético, Perú), Bernardo Cuesta (Melgar, de Perú) y Juan Camilo Roa (Cortuluá), hasta su eliminación tempranera de la Copa Libertadores y la Liga colombiana.

Pero hay otra razón, quizá más poderosa: el apoyo incondicional de la gran prensa deportiva al proceso Gamero, que raya en el apasionamiento que desde los micrófonos le critican al hincha. Con sus voces en coro, narradores y comentaristas han empujado el barco albiazul tanto o más que el mismo Gamero, al punto de suscitar la reacción inversa: mofarse de los fracasos del samario es uno de los pasatiempos virales en redes sociales.

La otra parte de la afición preferiría ver que Millos cuelgue en su escudo la estrella 16, lo que lo dejaría a una de Nacional, con tal de que los antioqueños no sigan sumando títulos. Por rendimiento, el equipo de Gamero, del que forman parte exjunioristas como Arias, Giraldo, Vásquez, Uribe y Ruiz, luce favorito, pero con los verdes nunca se sabe. Hace un año ganaron la Liga tras una campaña irregular y con un técnico interino como Hernán Darío Herrera, con un gol de Jarlan Barrera en el último minuto de la final contra Tolima. El mismo Jarlan que el sábado les dio el tiquete a la disputa por el campeonato con otra anotación sobre la hora, esta vez frente a Pasto.

La relación de Jarlan con la afición de Junior fue del amor al odio a partir del penal malogrado en Curitiba en la final de la Copa Sudamericana de 2018 ante Paranaense, pero no fue ese el detonante. Un cobro más importante había sido desperdiciado en 1994 por el uruguayo Héctor Gerardo Méndez en la semifinal de la Copa Libertadores contra Vélez Sarsfield. Sin embargo, el aguerrido volante de marca continuó inamovible en el once titular y conquistó la cuarta estrella el año siguiente.

Fue la decisión de Jarlan de irse de la institución sin dejarle un peso, al negarse a renovar su contrato, lo que provocó el cortocircuito. ¿Era libre de irse? Sí. Estaba en su derecho, pero el fútbol es una máquina de pasiones y, tras su partida intempestiva, todo el peso de la derrota continental cayó sobre él.

Para los aficionados, que no están obligados a pensar en el bolsillo del jugador, fue una deslealtad de Jarlan abandonar el equipo luego de haber esperado durante cuatro años su consolidación. El samario solo fue titular indiscutido en el segundo semestre de 2018, pero su participación fue clave para conseguir la octava estrella con uno de los mejores planteles de la historia, al lado de Teófilo Gutiérrez, Luis Díaz y Víctor Cantillo.

Si existiera una forma de que ambos perdieran la final, de dejar sin estrella a Nacional y Millonarios, de que Jarlan y Gamero no celebraran, esa sería la elección unánime del hincha de Junior. Por mi parte, que entre el diablo y escoja.

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